LA FE Y LA ESPERANZA

Septiembre 09 / 2020

Muchas personas tienen construida su vida sobre estos dos aspectos. Sin embargo, sin ánimo de ofender o herir susceptibilidades, y solo con la intención de ofrecer otra opción y una mirada a la vida un tanto más pragmática y como siempre, torciendo la cabeza, me gustaría invitarlos a cambiar estos dos aspectos por el análisis y la certeza; entiendo que es un cambio que para algunos puede ser un tanto exigente y para otros tal vez algo más fácil.  

Como esto no es un acto de fe, permítanme explicar el porqué de mi invitación. Tanto la fe como la esperanza sitúan a las personas en el mundo de lo intangible, de lo fenomenológico y metafísico, acabando con la capacidad de acción y gestión, llevándolas a caer en la inercia y a despreocuparse de las decisiones que toman, olvidando que lo único que se tiene en la vida no son más que resultados que se generan por acción o por omisión. Veamos cómo funciona esto a nivel de los cuatro indicadores externos de gestión personal. Comencemos con la salud: no me cuido o no tomo las acciones concientes porque tengo fe que no me va a suceder nada o porque tengo la esperanza que no me enfermo o que, si lo hago me curo. A nivel de las relaciones: algo me dice que por ahí no es, pero tengo fe que él o ella va a cambiar y tengo la esperanza que todo va a mejorar. En los recursos: es que me falta ponerle más fe al emprendimiento que contablemente no funciona, tengo la esperanza que si le invierto más recursos va a funcionar. En la capacidad de adaptarse: tengo fe que cuando las cosas sean mejor ahí si voy a disfrutar.  

Para obtener resultados satisfactorios en la vida, y los podemos evaluar a los ojos de estos cuatro indicadores, necesitamos renunciar a la fe y a la esperanza y entrenarnos en el conocimiento, el análisis y la acción conciente, llevando todo esto a la certeza, que es pasar de lo etéreo y lo imprevisible a lo concreto, y esto acaba por completo con la ansiedad y la incertidumbre.  

Algunas personas pensarán que hay una cantidad de variables que no se pueden contemplar, y lamento decirles que difiero por completo de esa postura. Si fuese así, no tendríamos centrales nucleares ni naves espaciales. De manera que si se pueden contemplar la mayor cantidad de variables posibles, lo que sucede es que no nos gusta el conocimiento ni el análisis, preferimos la fe y la esperanza. Una central nuclear no se maneja con fe y esperanza y la razón nos la ha dado la historia, si no, miremos lo que sucedió en Chernóbil.  

Si renunciamos a la fe y la esperanza, desarrollamos la capacidad de crear, hacer y servir y nos convertimos en los arquitectos de nuestra vida, y un arquitecto no tiene fe y esperanza, tiene conocimiento y certeza.